8. LA VIDA DEL AGI - 1

Para favorecer la difusión de esta maravillosa Raza, ahora me propongo poner a disposi- ción de los apasionados mi experiencia en la crianza.

Ciertamente el AGI, al igual que su primo Parisiense, no es un canario para todos. Su extrema sofisticación ha influenciado inevitablemente sobre algunos aspectos de su rusticidad.

Mas que en otras razas, el encuentro de dos sexos en el momento de la formación de las parejas puede dar a lugar a una violenta reacción de incompatibilidad por parte de uno o de ambos los sujetos. Mas a menudo, la agresividad inicial de uno de los dos partners, generalmente del macho, termina por desencadenar una reacción análoga sobre el otro, por lo tanto es toda una contínua pelea que requiere una larga supervisión sucesiva en la formación de las parejas, para evitar el riesgo de consecuencias muy graves.

Sobre la génesis de este comportamiento agresivo yo estoy de acuerdo con el prof. Zingoni para atribuirlo, por lo menos en muchos casos, al hecho que el AGI macho tiene aún en su representación del comportamiento (estaba por decir "mental") una "hembrita" del tipo selvaje, o almenos parecida a esa, mientras se encuentra delante a una "bestia" que completamente lo solicita, menos que verlo bajo la figura de una atractiva y disponi- ble compañera. Con toda probabilidad también en la hembra se verifica esta "desconfian- za" inicial, aunque menos llamativa a causa de su índole en el comportamiento más tran- quilo. Alguna vez, para evitar lo peor, los sujetos van mantenidos separados y, si se quiere insistir con ellos, será necesario utilizar el mismo divisorio, para obtener primero la "cohabitación tranquila" y, luego, las premisas para "consumar el matrimonio". Por lo tanto, mucha paciencia y tiempo disponible, para evitar, entre otras cosas, los tan deprecados "huevos claros".

Mientras en el Parisiense no son raros los sujetos, especialmete machos, que presentan el "pulgar rígido", en el AGI este defecto es desconocido y también la ceguera precoz es un evento muy raro. En ambos casos la exclusión de estos sujetos de la reproducción debe ser la regla absoluta, repito "absoluta" y las razones me parecen obvias.

Mis AGI ya han alcanzado una tal sofisticación que hacerles criar a ellos la prole, yo lo considero un autolesionismo; por lo tanto el uso de las nodrizas es indispensable, y yo para las nodrizas le he dado la preferencia al Lizard, pero también los viejos tipos del Canario de Color, y el Fiorino me dan óptimas garantias.

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